Conjeturas
Trabajadores en la miseria (y salarios de hambre)
Por Álvaro Cepeda Neri
I.- Si en nuestro país estalla la violencia, para exigir el cumplimiento constitucional en materia laboral, y es encabezada por los jóvenes obreros y quienes están o ya salieron de las aulas para buscar trabajo, como lo está haciendo la juventud francesa, es porque patrones, empresarios y la administración pública federal (éstos son los que imponen los mínimos salariales), han permanecido, conscientes o indiferentes, a la pacífica petición obrera de que ni con uno ni dos ni tres salarios, vigentes en las tres zonas geoeconómicas del país, pueden satisfacer sus necesidades para al menos sobrevivir, en medio de los vasos comunicantes de la micro y macro economía.
II.- Sigue atorada en una instancia judicial federal la demanda de dos trabajadores, que se atrevieron a cuestionar la miseria de los salarios que reciben y que el mayor de los tres fijados por la parcial Comisión de Salarios Mínimos, no rebasa los 49 pesos diarios. Los obreros Rosa Estela López y Juan Alfredo Yedra, con base a dos peritajes oficiales han demostrado ante el Juez que conoce de su causa, que apenas con cuatro salarios puede una familia cubrir sus necesidades. Por cada uno de los integrantes de un núcleo familiar de cuatro, se requieren 51 pesos al día. Actualmente, si a duras penas un miembro tiene empleo, recibe casi 49 pesos diarios en total para el sostenimiento de la familia.
III.- El próximo uno de mayo, para recordar la barbarie sangrienta que aplastó, a sangre y fuego, las protestas de los trabajadores de Chicago, los trabajadores mexicanos deben ganar la calle para manifestar, con arreglo a sus derechos de reunión y de hacer peticiones, reclamos y demandas, que la situación laboral es angustiosamente desesperante. Y que desde hace tres sexenios, (los del neoliberalismo económico que apuntala al capitalismo salvaje), los salarios de hambre los han estado sumiendo en una cada vez mayor miseria.
IV.- El poder adquisitivo obrero, conforme a la investigación del Centro de Análisis Multidisciplinario, de la Facultad de Economía de la UNAM (revisando el comportamiento de los precios y los salarios), arroja que desde hace 18 años "la erosión salarial de los mexicanos ha llegado a límites en los que los trabajadores ya están limitando algunos alimentos básicos como carne y leche, porque no les alcanza... existe un abaratamiento de la mano de obra, influido porque los salarios se están moviendo en porcentajes muy pequeños; las empresas están bajando los salarios -hay un esquema de despido permanente de trabajadores de altos ingresos, que son sustituidos por empleados baratos-, además de que se han eliminado o restringido las prestaciones laborales".
V.- En la contraparte de ese mercado precios-salarios, dice la nota de la reportera Patricia Muñoz Ríos (La Jornada: 27/III/06), se tiene un incremento constante de los precios. Se registra "un agudo proceso de desvalorización de la fuerza de trabajo, ya que los salarios han sufrido un desplome; el poder adquisitivo de los obreros ha disminuido casi 74 por ciento; el salario mínimo sólo alcanza para adquirir una décima parte de los productos de la canasta básica; y los precios de los productos de primera necesidad no tienen ningún control, de tal forma que en los tres gobiernos recientes los básicos alimentarios se encarecieron mil 435 por ciento".
VI.- El desempleo masivo y lo siniestro de las cúpulas sindicales ha impedido que los trabajadores se rebelen; llegando a su máximo la tensión de la cuerda de resistencia, sin que los partidos (ni siquiera el llamado Partido del Trabajo) se hayan ocupado de una crisis reprimida y, con los gobernantes en turno (Salinas-Zedillo-Fox) han estado subestimando la posibilidad de un estallamiento social a partir del aniversario del Día del Trabajo. El reporte citado elaborado por David Lozano, Luis Lozano y Jessica Funes; "indica que el poder adquisitivo de los salarios registró en esta administración (la foxista-abascalista) el nivel más bajo desde los años 80, lo que contradice la afirmación del presidente Vicente Fox referente a que los salarios se han recuperado".
VII.- Las elecciones que vienen encontrarán un país en ebullición social por el desempleo, la baja del consumo, la delincuencia, el aumento reptante de los precios, los salarios casi congelados y una miseria pavorosa reflejada en el empobrecimiento masivo de más de la mitad de la población. Y hemos rebasado los 100 millones de mexicanos. Y es que "el salario mínimo continúa su caída y de diciembre de 1987 (finales del sexenio delamadridista) a enero de 2006 (finales casi del foxismo), el precio de la llamada canasta básica se incrementó, pues, mil 435 por ciento".
VIII.- Y los salarios mínimos a duras penas aumentaron, en ese período, 308 por ciento, "lo que arroja una pérdida acumulada de casi 74 por ciento". De tal forma que con los salarios mínimos en 1987, los trabajadores podían adquirir 31 de los 35 artículos que formaban la canasta básica; y, en 2006, sólo pueden comprar cinco, "eliminando o disminuyendo de su consumo productos esenciales, tales como frutas, verduras, lácteos, pan, pescado, productos de aseo personal y del hogar". Sobreviven los trabajadores, concentrados en las zonas urbanas (los del campo agonizan) en la vil miseria. Se mueren de hambre, puesto que la desnutrición hace sus estragos como caldo de cultivo de enfermedades y discapacitación cerebral para el aprendizaje y buen desempeño laboral.
IX.- No solamente menudo problema enfrentará quien obtenga la victoria electoral presidencial, sino, además, gravísimo; los trabajadores, muy probablemente, a partir del uno de mayo mantendrán sus reclamos y pueden desbordar los cauces pacíficos. Todo porque intencionalmente se ha mantenido el desprecio al sector laboral no obstante la baja productividad, consecuencia de los salarios de hambre que prevalecen para matarlos de hambre.
X.- Un Poder Judicial que no resuelve la demanda laboral, un Poder Ejecutivo indiferente al drama y un Poder Legislativo que ni sabe que existe miseria y hambre entre los obreros, están empujando a esos millones de mexicanos a provocar que la crisis social reviente, rompiendo las amarras pacíficas. Los trabajadores saben que, como cuando les dijeron que no tenían nada que perder, salvo sus cadenas de explotación, nuevamente sobreviven a sus desgracias y esto no puede ya continuar.
12/04/2006 |