En la nómina del pederasta
La perfidia humana que inmortalizó Dostoievski con inigualables matices en Los hermanos Karamazov fue más el resultado de sus experiencias y observaciones que de la fértil imaginación literaria del escritor. En su novela clásica, la epítome de la perversidad no es la arquetípica figura de su Gran Inquisidor, personificación del totalitarismo y la censura, sino Teodoro Karamazov. En una escena inolvidable, Teodoro va de camino una noche, ebrio de licor y de soberbia, cuando observa a aquella muchacha, una mendiga del pueblo con retraso mental. Protegido por el anonimato, se abalanza como bestia sobre ella para mancillarla. De esa relación nacería el vástago epiléptico que, a la postre, terminaría por dar muerte a su ilegítimo padre. La metáfora detrás de esa escena de Dostoievski es, más que la lujuria desenfrenada, el abuso de poder y la impunidad que proporciona el estatus que da el dinero en una comunidad de contrastes. No es que a Teodoro le faltasen prostitutas o mujerzuelas que se allegaran a él por su dinero. El acto de ultrajar sexualmente a la muchacha discapacitada, es un acto que va más allá de la gratificación sexual. Es la expresión de un ser deshumanizado por las riquezas, quien ve como diversión romper con impunidad un limite más, transgredir una norma más en aras de la autocomplacencia y la búsqueda de experiencias. "¿Porque no?", es la pregunta que plasma Dostoievski en la mente brutal de Teodoro Karamazov. Acto seguido, al que le sobraban rameras rusas de no mal ver, echa mano de la harapienta y desaliñada joven, amparado en las frías sombras de la noche. El acto de rapiña incomprensible eventualmente sale a la luz y es un secreto a voces, pero ni el comisario ni nadie en el pueblo se atreven a tocar a Teodoro, ni aun a cuestionarlo. Este, por su parte, quiere paliar sus cargos de conciencia admitiendo a Smerdiakov, el producto de su violación, como sirviente en su casa, para protegerlo de la inclemente pobreza circundante. El violador se convierte así en filántropo. Hoy en día no es necesario acudir a las novelas de Dostoievski para explorar las profundidades de la perfidia humana. A nuestro alrededor pululan personajes que no cabrían en las páginas ni en la imaginación del literato ruso. Como es del conocimiento de la opinión pública internacional en diciembre de 2004, la menor I.R.V. fue violada repetidamente de manera salvaja por un prominente hotelero de Cancún. Al igual que en la novela de Los hermanos Karamazov , la victima sufría de retraso mental y pertenecía a un entorno social marginalizado. Su victimario, el pederasta Miguel Ángel García Rascón, resulta también una persona adinerada y conocida en la localidad -director, nada menos, que del Corporativo de la cadena hotelera internacional española, Grupo Oasis. No era la primera vez que el hotelero ultrajaba una niña, aunque hoy se sabe que, como a Teodoro Karamazov, no le faltaban rameras y concubinas que frecuentaba a menudo. Tampoco era ajeno a la impunidad que en las sociedades inequitativas como la nuestra, da el dinero y los contactos cuando se delinque contra los desprotegidos. La Rusia zarista o el México de nuestros días, ¿que mas da? ¿Que puede una niña de 9 años sin recursos contra un profesionista adinerado y cercano al poder? Y así, García Rascón, el ejecutivo hotelero, cubrió con el silencio su primer crimen y degusto las mieles de la impunidad que solo le despertaron mas el apetito. El pederasta fue descubierto y denunciado por su propia esposa, Maria Elena López Heros, según consta en la causa penal 90/2002 llevada en el Juzgado Tercero de Cancún. En 2003 fue sentenciado, confeso, de su delito. Nunca apeló la sentencia. Por una suerte de prestidigitación del sistema de justicia, su pena fue conmutada por una multa. Habían sido sólo abusos sexuales, no había llegado a la violación . Ese eufemismo patriarcal e impúdico llamado abusos deshonestos , emergió desde las páginas del código penal, presto a rescatarlo. Y mientras que hay gente presa por haberse robado una cantidad irrisoria de dinero para comer, el que le robó a una niña de 9 años la inocencia y le pisoteó la dignidad, no pisó ni la cárcel. García Rascón fue reincorporado a la sociedad como si nada. Un esperpento jurídico del código penal que legaliza culturalmente el abuso sexual a menores, le permitió seguir libre. Sus viejos amigos, los directivos y uno de los dueños de la cadena Oasis, lo recibieron en sus casas como si nada. Más aun, por razones a simple vista incomprensibles, le allanaron el camino para seguir escalando los peldaños del poder empresarial en el sector turístico, sin reparar en las implicaciones de que se trataba de un pedófilo convicto. Llegó hasta director del magno Corporativo de una cadena internacional de hoteles que cuenta con su propia línea aérea y agencia de viajes. Solamente en Cancún y la Riviera Maya, el consorcio, con sede en España y cuyo accionista mayoritario es el magnate Pedro Pueyo, tiene ocho hoteles. El Grand Oasis es el de más lujo. En el sur de España, Oasis Hotel & Resorts, como se llama en inglés, opera varios más. Director ejecutivo del Corporativo de un importante emporio turístico de tales dimensiones, García Rascón estaba en el pináculo social y económico de su carrera a pesar de sus antecedentes penales. ¿Mujeres? Las que quisiera. Lo mismo-cuentan ejecutivos que lo vieron ascender- las que se le ofrecían para recomendarlas para un puesto que las que frecuentaba en burdeles disfrazados de salones de masajes. Si no por su atractivo, por sus conexiones y dinero, las damas, al igual que al padre de los Karamazov en la novela de Dostoievski, lo seguían. Pero ya había probado las mieles de la impunidad, la sensación de poder que da el transgredir umbrales que la naturaleza misma ha puesto aun a los animales. Como Teodoro, en cuanto vio a aquella niña vulnerable y empobrecida, se abalanzó sobre ella. El dictamen ginecológico de los peritos médicos de la procuraduría que la examinaron, detallan el tipo de lesiones que García Rascón le ocasionó. "Desgarres anales", "desgarres vaginales" y otros detalles perturbadores, se registran en el documento de la causa penal 381/04 que esta en manos del Juez penal quien, sometido ya a presiones políticas, pronto decidirá su sentencia. La niña sufrió, además de las lesiones físicas, daños irreversibles en su desarrollo. Miguel Ángel García Rascón se encuentra detenido en la cárcel municipal de Cancún desde el 22 de diciembre de 2004 por el delito de violación contra I.R.V. La Dra. Patricia Seoane, directora de la asociación civil de defensa de niñas y mujeres La Casita, está pagando un alto costo por haberse atrevido a tener el valor civil de denunciarlo. Afuera de su casa esta apostado 24 horas un carro con policías judiciales para intimidarla. El pederasta preso ha repartido dinero lo mismo a reporteros corruptos que a funcionarios medios para acosarla y difamarla. Pero los amigos de García Rascón, directivos del Grupo hotelero Oasis, son quienes han movido los principales hilos para tratar de sacar de la cárcel al violador. Y han hecho eso utilizando a la máxima instancia de procuración de justicia del estado, la PGJE de Quintana Roo. Para entender esto, es necesario conocer los nexos entre dueños y ejecutivos del Grupo Oasis-amigos entrañables de García Rascón- con personajes del gobierno del estado de Quintana Roo de esta y otras administraciones pasadas. Como sus negocios con Mario Villanueva Madrid. Es necesario entender las turbias relaciones del ahora Procurador de Justicia, Bello Melchor Rodríguez, y el influyente dueño de un periódico local cuando el primero estaba a cargo de su afamada notaría pública. Es necesario entender la importancia de García Rascón en un sinnúmero de transacciones irregulares a favor del consorcio hotelero, de fraudes verificables al interior del Grupo Oasis que -según documentos en poder de Expresión Libre- se llevaron a cabo con la complicidad de altos ejecutivos. El papel que jugó el pederasta para obtener prebendas y concesiones especiales cuando iniciaba sus actividades en Cancún la cadena turística, es otro factor para comprender lo que hay detrás del silencio cómplice y la protección oficial al pederasta García Rascón. Los favores, pues, que le deben al é mulo de Teodoro Karamazov altos ejecutivos y ex directivos de los hoteles Oasis, quien desde dentro de la prisión de Cancún-desesperado-les reclama, les ruega, les amenaza recordándoles que "favor con favor se paga". De eso tratará la segunda parte de este artículo mañana. Como en la novela de Los hermanos Karamazov , la vileza humana se nos presenta en Cancún descarnada. En sus raíces está la voracidad económica y la impunidad que da el dinero; el abuso de poder, el desprecio por la niña en harapos violentada para saciar el instinto bajo. Al margen del feroz hostigamiento judicial de que es objeto la Dra. Patricia Seoane, este escándalo inicio por una menor violada bestialmente por un hotelero poderoso. Está en las manos del procurador Bello Melchor Rodríguez y del juez penal que lleva la causa, ver que el Teodoro Karamazov moderno, no quede impune otra vez. La sociedad civil está al pendiente de que a esa menor se le haga justicia. El compromiso de este gobierno en materia de seguridad pública y respeto a los derechos humanos se medirá, no por pactos cosméticos de civilidad para servir de chaperón a turistas embriagados, sino por casos como el de I.R.V. Se medirá por cómo el sistema de justicia valore a la niña discapacitada, de nacionalidad mexicana, que fue ultrajada sexualmente por un ejecutivo hotelero rico, cercano al poder político por sus nexos con una industria toral para la economía de Cancún. Eso es justicia, lo demás es negocio y farsa. 06/06/2005 |






