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Con ocasión del Día Internacional de los Derechos del Niño

VÍCTIMAS DENUNCIAN EN MADRID LA GRAVE SITUACIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS EN CANCÚN

 

Por Alfonso Torres. Especial para Expresión Libre

(MADRID, 23 de Noviembre). Catedráticos universitarios salvajemente golpeados, ciudadanos molidos a patadas y puñetazos, amas de casa golpeadas por corpulentos policías encapuchados, detenciones masivas, torturas indiscriminadas… Los estudiantes y profesores que se congregaron en el Aula Magna de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) no salían de su asombro ante  las imágenes que mostraban la forma en que el gobierno de Cancún reprime hoy en día las manifestaciones ciudadanas en las que se le reclama atención a las mujeres maltratadas y a los niños víctimas de abusos sexuales.  
 
En la conferencia “Tortura y Violación de los Derechos Humanos en México” presidida por el doctor José Antonio Carrobles, director del departamento de Psicología de la Salud, se denunció la forma en que 34 personas fueron golpeadas, detenidas y posteriormente torturados el pasado 13 de junio por participar en una manifestación pacífica, celebrada ante la sede de la Procuraduría de Justicia  de Cancún, en protesta por la posible liberación de dos hoteleros encarcelados por pederastia.

Entrevistado, uno de los manifestantes golpeados sostuvo que “Acudí a la manifestación junto a otros 300 ciudadanos, en solidaridad con ‘La Casita’, una asociación civil respetada que acoge a niños víctimas de abusos sexuales en su entorno familiar o que han caído en las garras del turismo sexual, pero que, increíblemente, sufre el acoso del gobierno local, al que sólo parece interesarle la defensa de los intereses de los hoteleros”.

Detenidos y posteriormente torturados, los 34 manifestantes del 13 de junio, todos ellos sin antecedentes penales, fueron acusados de delitos “fabricados” como, sedición, motín, ultrajes a la autoridad, robo calificado, lesiones dolosas, porte de armas prohibidas y ataque a las vías de comunicación. Por si fuera poco, sus fotografías con la ficha policial colgada al cuello fueron entregadas a un periódico local, que las publicó bajo el titular: “Véalos, identifíquelos y denúncielos”, como si se tratase de unos peligrosos delincuentes.    
 
En una segunda manifestación, celebrada el pasado 20 de agosto, esta vez con la asistencia de más de un millar de personas, fueron detenidas 577 personas (el 70 por ciento de ellas mujeres), la detención masiva más numerosa de los últimos 40 años en el País Azteca. Los vídeos muestran cómo bomberos, al grito de “¡a la cara, a la cara!”, arrojan chorros de agua no potable contra los manifestantes, mientras unos agentes de paisano hacen lo propio con gases paralizantes.

Los alumnos de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid, sorprendidos ante la crueldad de los agentes al servicio de los caciques locales de Cancún —la cara menos lustrosa de uno de los destinos turísticos en el extranjero más preferidos por los españoles—, se preguntaban cómo es posible que estas cosas ocurran en México. “Parece mentira, precisamente en el país que acogió a centenares de españoles que fueron obligados a emigrar por el régimen franquista, y que en los 70 y 80 destacó por ser la única nación latinoamericana que daba cobertura a los perseguidos políticos de las dictaduras militares instauradas en el Cono Sur”, criticó uno de ellos.

Por su parte, el psiquiatra mexicano Jorge de la Peña, perito en tortura de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, también presente en la conferencia, explicó al público que la criminalización de la protesta social y la tortura en ciudades como Cancún se apoyan cada vez en  métodos más sofisticados. “Estamos ante una serie de actos brutales, difíciles de comprender en los umbrales de este siglo, pero el afán de los individuos por detentar el poder es inconmensurable y muchos quieren imponerlo sobre los demás a como de lugar”, señaló De la Peña. Su opinión sobre las consecuencias de la tortura es preocupante: “los daños físicos que se provocan en los torturados muchas veces tienen solución, pero los daños emocionales nunca se curan del todo, perduran hasta la muerte, como un tatuaje en la piel”, concluyó el veterano psiquiatra.


* Alfonso Torres, periodista español radicado en Madrid, ha sido colaborador de El País y jefe de Prensa en la Fundación Intervida, dedicada a ayudar al desarrollo del Tercer Mundo.

 

Expresión Libre
23/112005

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