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Una vida con García Márquez

García Márquez primero lo definió como 'el loco que me persigue por todas partes', luego lo reconoció como su biógrafo oficial

Gastón García

Hurgar en la vida de un autor como Gabriel García Márquez tal vez no implique Cien Años de Soledad, pero sí 17 de seguirlo a todas partes. Foto: René Zubieta / Reforma

Ciudad de México (4 octubre 2009).- Hurgar en la vida de un autor como Gabriel García Márquez tal vez no implique Cien Años de Soledad, pero sí 17 de seguirlo a todas partes, de acercarse a la familia, a los amigos y hasta a los adversarios.

Ésa fue la labor del inglés Gerald Martin, autor de "Gabriel García Márquez. Una Vida", editado por Debate y que llegará a las librerías mexicanas el próximo 20 de octubre.

El propio escritor colombiano primero lo definió como "el loco que me persigue por todas partes"; luego lo reconoció como su biógrafo oficial.

En entrevista con REFORMA, Martin afirma que, al principio, admiraba mucho al escritor pero sabía muy poco del hombre.

"Conocía a Miguel Ángel Asturias y a Mario Vargas Llosa, adversarios de García Márquez, y me preguntaba si eran verdaderas las versiones estereotipadas que ellos y algunos periodistas habían circulado desde los 70: arrogante, vanidoso, mentiroso y oportunista".

Con el tiempo, asegura, sus preconcepciones se modificaron.

Ésta también podría ser la historia de cómo un reputado académico inglés llamado Gerald Martin acaba en la costa colombiana conocido como el "tío Yerál", o según Gabriel García Márquez, "el loco que me persigue por todas partes".

Gerald Martin (Londres, 1944), crítico literario especializado en Latinoamérica, dejó su cátedra en la Universidad de Pittsburgh para dedicar no uno, ni cinco, sino 17 años a indagar sobre la biografía del novelista. El resultado, producto del talento y la paciencia, es una biografía monumental para una vida monumental, la historia de un hombre que es también la historia de un tiempo y de un territorio, imposibles de recuperar.

De las más 2 mil 500 páginas que ha escrito sobre el tema, hoy presenta esta "versión resumida". Con estilo ágil y elegante, Gabriel García Márquez. Una vida (Debate, 2009) está llena de datos profusos alejados del chisme, una larga serie de entrevistas y fuentes: desde doña Luisa Santiago Márquez, la madre, al mismísimo Fidel Castro. Ahora que el stand de novedades de García Márquez va quedando vacío, su biografía viene a ocupar ese lugar. El autor está frente a su mayor mito literario y no disimula en ningún momento la profunda admiración que siente por él. Sin embargo, evita levantar un mausoleo acrítico, sabiendo señalar algunas sombras entre tantas luces.

"Si alguna vez hubo un asunto al que mereciera la pena dedicar una cuarta parte de la propia vida, sin duda sería la extraordinaria trayectoria vital y profesional de Gabriel García Márquez", escribe al inicio del libro.
A lo largo de su empresa, Gerald Martin se ganó la confianza de la familia y amigos (incluso los más célebres) y hasta se enfermó del mismo cáncer que azotó al colombiano. Con los años, fue el propio García Márquez quien lo reconoció como su biógrafo oficial —"porque todo autor serio que se precie, debe tener un biógrafo inglés"—. Sin embargo, Martin llama a Una vida la biografía "tolerada", no "oficial" de García Márquez, ya que no tuvo acceso a documentos privados. Antes de que comience a circular el libro en México, el próximo 20 de octubre, Martin responde desde Londres a esta entrevista.

¿Un biógrafo puede ser objetivo?

Nadie puede ser objetivo. Pero hay que ser consciente del problema y no engañarse ni engañar a los demás.

Usted ya conocía al escritor, ¿pero tenía alguna idea de cómo era el hombre?

Yo admiraba mucho al escritor al comenzar este trabajo, en 1990, pero sabía muy poco del hombre. Conocía a Miguel Ángel Asturias y a Mario Vargas Llosa, adversarios de García Márquez y me preguntaba si eran verdaderas las versiones estereotipadas que ellos y algunos periodistas habían circulado desde los años 70: arrogante, vanidoso, mentiroso y oportunista.

¿Cómo fue ese proceso?

Mis preconcepciones se iban modificando con el tiempo. Después de examinar un interminable tsunami de documentos y personajes, me pregunto ahora quién, sabiendo lo que yo sé, no sentiría admiración por un hombre que ha tenido la experiencia de la vida y los éxitos de García Márquez. Antes de llegar a mi versión final y establecer una versión equilibrada, pasé por una versión "negra" en que saqué todas las conclusiones más negativas para ver si me convencían. Y no, en general, no me convencían.

A través de García Márquez, ¿ha podido entender Latinoamérica?

Sí, y al revés. Cuando me embarqué en la biografía hace 20 años, hacía ya 30 que estaba estudiando y visitando América Latina. Creo que una de las razones por las cuales García Márquez aceptó mi petición fue que le dije que iba a ser un libro no solamente sobre él sino sobre su continente.

¿Cómo un inglés puede entender el Caribe?

Dos palabras: Graham Greene. Somos excéntricos, muchas veces enajenados del país en que nacimos, grandes viajeros y aliados de los portugueses que también han tenido "sólo un país pequeño en que nacer y todo el mundo en que morir". Mi obsesión es culpa de mi tía Rosa, que me compró un álbum de estampillas a los 8 años; y lo único que no era Imperio Británico era un territorio llamado "South America".

¿Cuándo supo por primera vez de García Márquez?

Entre 1968 y 1969 estuve en México intentando inscribirme en la UNAM, cosa que no pude hacer. García Márquez ya había escrito Cien años de soledad y se había marchado. La literatura latinoamericana había llegado a su momento de mayor cristalización histórica con esta novela. La primera vez que leí a García Márquez, en la edición con la cubierta diseñada por Vicente Rojo de Cien años de soledad, me di cuenta de que todo había cambiado, no solamente en la literatura sino en la autodefinición de América Latina.

¿Cien años de soledad lo convenció de emprender esta biografía?

Sí, fue este libro tan aparentemente transparente y al mismo tiempo tan impenetrable. Luego fui dándome cuenta de la extraordinaria interrelación de Gabriel García Márquez con su época. Pero la idea no fue mía, sino del editor de mi libro anterior, Journeys Through the La byrinth: Latin American Fiction in the Twentieth Century (1989).

¿Qué hay de usted en la biografía de García Márquez?

La apofenia es la enfermedad más común entre los biógrafos, un peligro permanente. No sé si el biógrafo puede separar su vida de la del otro, ¡pero debe!

¿Qué temas fueron lo más difíciles de abordar en este trabajo?

Hurgar en la vida privada de un autor vivo y un hombre de vida tan pública y de tanta celebridad trae sus complicaciones que son, en cierto sentido, las del equilibrista. Fueron intensos especialmente los temas Fidel Castro y Mario Vargas Llosa, porque son la obsesión de la prensa y, por consiguiente, de muchos lectores.

Este libro está escrito por un inglés, en inglés, para el público inglés, pero sabiendo de antemano que será leído atentamente entre latinoamericanos. ¿Ha pensado en esto mientras lo escribía?

Sí, mucho. En mis libros anteriores escribía pensando más en los latinoamericanos que en los ingleses y norteamericanos. Reconozco, obsesiva y acomplejadamentemente, que es una anomalía que la primera biografía completa del novelista más icónico de América Latina haya sido escrita por un inglés y haya aparecido primero en Londres. Pero García Márquez es una figura internacional, quizás el novelista más internacional de todos, y no sólo pertenece a América Latina sino al mundo. Por eso el libro se está traduciendo a más de 20 lenguas.

¿Qué marcó más la vida de García Márquez: el abandono de su madre, la muerte de su abuelo o la relación con su padre?

Buena pregunta, imposible de contestar. Mario Vargas Llosa inicia su bosquejo biográfico con la llegada del padre a Aracataca; Dasso Saldívar enfatiza al abuelo materno y la ascendencia guajira; yo comienzo con el regreso de la madre cuando García Márquez tenía casi 7 años, pero lo que demuestro, creo, es que los tres tuvieron su impacto en la conciencia del niño —todos ellos aparecen en su primera novela, La hojarasca— pero fue, probablemente, la ausencia de la madre la que le abrió la conciencia, la presencia del abuelo la que lo moldeó y la sombra del padre la que determinó su odisea por la vida y resolvió, por negación, su vocación. Pero éste es el tipo de simplificación que yo trato de evitar en el libro.

Las posturas políticas de García Márquez han generado constantes polémicas...

Es parte de su activismo y él acepta que a veces uno fracasa.

En este sentido, ¿García Márquez ha sido un hombre honesto?

En mi interpretación de El otoño del patriarca, la respuesta es sí; pero de una manera muy sutil y sofisticada. En su primer artículo periodístico, escrito a los 21 años, declaró que, dada la situación del país (Colombia) y del mundo (la Guerra Fría), no se podía esperar que los muchachos de su generación fueran "hombres de buena voluntad". Esto lo leo, en su contexto, como una declaración sumamente honesta.

¿Qué hay de cierto en los rumores de que Memorias de mis putas tristes fue escrita por ghostwriters?

Estaría muy sorprendido. No lo creo. Estaba escribiendo ese libro en 1997 cuando yo lo visité en La Habana. Alguna ayuda editorial durante la prepublicación sería otra cosa, y además normal.

Lo que todo mundo se pregunta: ¿sigue escribiendo García Márquez?
Sigue escribiendo, según me cuenta. Embarcarse en un proyecto totalmente nuevo es otra cosa y yo no sé si llegará a publicar una novela totalmente desconocida por sus amigos y la prensa.

Para usted, ¿qué lección deja la vida de este autor?

Es una lección de vocación y de tenacidad "inconcebibles", para utilizar un adjetivo caro al narrador de Cien años de soledad. Con su pequeña dosis de genio.

Periodista cultural

Reforma
04/10/2009

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